Como yo creo que la vida no se trata sólo de mirar yo también me desnudo.
Si os gusta y quieren más, sólo es cuestión de pedirlo.
Vuelo 364
- ¿De qué lado quieres ir, papá?
Pero sin darse cuenta, o para que yo no me de cuenta de la llegada a París, ella se sentó ahí. Ahora voy solo, nadie me quita el sitio. Otra vez las montañas y más tarde aterrizar en lo que para mí debería ser tierra conocida. No lo es. Tampoco sé cuándo dejó de serlo. Cinturón de seguridad. Me lo sé de memoria. Los chalecos salvavidas están debajo del asiento. El salvavidas de mi madre murió hace tres años. La terapeuta dice que yo no la puedo salvar. Mi hija mayor dice lo mismo. Si es lo que quiere déjala ir, papá. Yo también verbalicé lo mismo, pero sólo por un momento, hasta que mi hija menor se puso a llorar. Otro corazón roto. Y no puedo más. El mío también se rompió, se rompió hace tres años atrás, allí en esa misma casa a la que ahora voy. Pero eso a nadie le importa. El vuelo lo tomo solo. Soy hijo único. Hijo único de dos padres que era un solo. Uno de ellos murió. Sin pedir permiso, y la verdad es que tampoco pidió perdón.
- ¿Gusta algo de beber, señor?
Whiskey, agua, Coca-Cola. A mi hija menor le gusta cuando su marido bebe whiskey. ¿Cuántas cosas le habrán gustado en secreto a mi madre de mi padre? Estamos a mitad de camino, aún no me tomo los tranquilizantes. Todavía faltan seis horas. ¿Qué quieres mamá? ¿Quieres una casa al lado de la mía? ¿Quieres volver con papá? Papá la espera. A veces lo odio por estar esperándola. A veces sueño que es él quien la llama, vení viejita. Le
da la mano. Acá se está tan bien, dice él. Yo tengo que ir y decirle lo
mismo, a combatir con el fantasma que me dio la vida y que compartió
cincuenta años a su lado. ¿Cómo pelear esa batalla? Por un momento sostengo la ilusión de que acá somos más para retenerla. Sé
que es mentira. Familia hacia arriba, familia hacia abajo. Sus amigas,
su vecina que es como una hija, su nuera que es mi exmujer.
- Está sola, Carlos, lo que pasa es que está sola.
¿Y no lo estamos todos? Ella nunca estuvo sola. Nunca hasta hace tres años. Yo también estaré solo. Pero eso es otra mentira. Yo
no quiero morir solo, ni llenar los trescientos sesenta y cinco días de
los próximos veinte años de soledad. Vete mamá, si es lo que quieres
tendré que dejarte ir.
- Cachorrita, entendé, es lo que ella quería.
Mi hija llora. Yo lloro con ella. Ella aún no sabe cómo dejar ir a la gente. Aterrizamos. Aeropuerto
Internacional de la madre que lo parió. ¿Cómo se va al encuentro con la
muerte, con la despedida? Toco suelo nacional. Y juro no volver a pisarlo. Dos vuelos en tres años, primero él, ahora ella, y yo cuándo. Yo también me quiero ir. Mis hijos no me dejan. Mi padre no me viene a buscar.
Autobús a Mar del Plata.
- Puedes venirte conmigo, mamá.
Pero sé que no le cogeré la mano todas las noches como hacía su viejito. Déjala ir, papá. Déjala
ir, Carlos. Llego a su casa y antes de tocar el timbre me juro, juro,
que el vuelo de regreso a mi México no natal no será solo. Cenizas.
Cenizas no. El jazmín del patio de mamá, donde está enterrado él, el
que se la quiere llevar. Tampoco. No puedo entrar. Mi madre me ve por la ventana.
- ¡Carlitos!
Carlitos
vuelve a casa y a los dos nos duelen los pantalones largos y los
cincuenta y cuatro años que llevo encima. Es la primera vez que llego a
esta casa sin papá.
Mamá ya no está sola, los dos lo sabemos en cuanto nos vemos. Pero yo me pregunto, con quién es que se irá hoy.

Delicioso ritmo... Triste, pero en aquel punto donde la tristeza y la belleza se tocan, se acarician, se miman. Felicidades por la literatura, mimos y abrazos en silencio por el dolor.
Publicado por: Ro | miércoles 8 de febrero de 2006 en 10:42
S querida,
lo disfruté, lo disfruté muchísimo, gocé cada una de sus sílabas.
Sigues creciendo, mujer! y me alegro tanto.
No dejes de estar presente pues a parte de vivir en mi pequegno mundo bajo la cama también vives en en las letras que me atraen.
Publicado por: dondestasquenoteveo | miércoles 8 de febrero de 2006 en 10:43
es bellisimo, tristìsimo, comprometedor, al fin y al cabo recapacito que para mi cachorrita debo tejer una historia feliz, porque caray, soy un desastre de nostalgias y tristezas
Publicado por: piola | miércoles 22 de febrero de 2006 en 16:45