Hacía mucho que no venía por las vías del tren. ¿Te acordás?, nos comprábamos unas facturitas y nos traíamos el mate ¿cómo no te vas a acordar? Pasábamos horas enteras cantando a Silvio, “Ojalá”; a Pablito, a Charly, a Fito ¡cómo no te vas a acordar! ¿Y te acordás de la primera vez que viste el tren pasar por acá? Esa tarde me fuiste a buscar a casa, me trajiste con los ojos cerrados, y yo lo escuchaba, lo escuchaba y vos no me dejabas abrir los ojos, de repente gritaste ¡Ahora!, los abrí en ese mismo instante: y ahí estaba. Por poco me caigo del puente para no perderlo de vista. Desde esa vez empezamos a venir todas las tardes, y veíamos a millones de trenes pasar, uno y otro uno y otro más. ¡Cómo nos gustaba cantar a Silvio, “Ojalá”!... ¿de eso sí te acordás, o no? ¿Y de la vez que nos peleamos, y yo te vine a buscar a las vías, con todo y una pizza Ugi’s? Dale, no me vas a decir que de eso no te acordás. Y sí, cómo no extrañarlas, eran nuestras estas vías. ¿Te acordás de la vez que me decías que si vos fueras pájaro te la pasarías trepado en los cables que están acá arriba? Yo me reí, vos siempre decías cosas así. Eras así, arrevesado por naturaleza. Sí, la Ugi’s esa fue genial. Veías como me iba acercando con mi cara de corderito degollado (¿te acordás que me decías así?) y empezaste a sonreír, y en el mismo momento que yo estaba sacando la caja con la pizza de detrás de mi espalda vos me dijiste, lo único que falta es que hayas traído una pizza. Te extraño, ¿sabés?. Hoy vine a verte, todavía están ahí colgados tus zapatos, a veces se le paran encima algunos pájaros, pero ninguno se queda demasiado tiempo. ¿Cómo no vas a acordarte si la Ugi’s esa fue genial? ¿Y del día que te fuiste, de ese sí te acordás? Porque te fuiste así no más, sin más, sin avisarme a mí siquiera. No pensé que te fueras a ir. Yo sí me acuerdo de ese día. Vine con el mate, las facturas las ibas a traer vos. ¡Las facturas, qué ricas que eran esas facturas! Era tarde y no llegabas, entonces empecé con el mate, viste, si no se enfría; hasta que se me terminó el agua. Vos seguías sin llegar, y yo tenía frío, entonces me fui, no sé si por más agua, o si ya no pensaba volver, no me acuerdo. Ahí fue cuando te vi. Callado, sin decirme nada, a mí me dio bronca, y te grité; Che, boludo qué hacés ahí, hace tres horas que te estoy esperando. Vos seguías ahí, callado, ni vuelta te diste. ¿Te acordás? Ni vuelta te diste. Má, sí; te grité. Y me fui. Yo tenía frío, era invierno. Te extraño, negro. Estaba buena la pizza Ugi’s ¿no?, yo hace mucho no como Ugi’s, ahora me compro Pizza Hut ¿te acordás que siempre decíamos que algún día íbamos a comprar de esa? Ahí están tus zapatos, colgaditos, tal como los dejaste. Y yo también estoy igual, salvo que te extraño. Seguro que vos también me has de extrañar. Tal vez si me hubiese dado vuelta, ahora tus zapatos no estarían ahí en el cable, y estarías acá conmigo mirando los trenes pasar. A eso también lo extraño, ahora ya no pasan más por acá... por la inseguridad, viste, por la inseguridad... Era tan lindo venir por acá, y las facturitas que nos comprábamos en lo de Tito, eran tan ricas ¿Y del Tito, te acordás del Tito? Ahora ya se puso viejo, ¿qué se le va a hacer? Pero es a vos al que más extraño, sí, se te extraña, che... se te extraña mucho... porque te fuiste así, sin más, sin darte vuelta siquiera. Dale, por qué mejor no volvés, mira, mira, lo que te traje, sí, es una Ugi’s, dale, por qué mejor no venís, y te pones tus zapatos, y nos comemos la Ugi’s juntos... dale, dale, vení y decime que es mentira eso del tren, dale veni, a lo mejor, si vamos y hablamos con alguien los trenes vuelven a pasar, pero para eso tenés que volver, dale. Y si no volves me voy a llevar tus zapatos de ahí, me los voy a llevar conmigo, si no volves; en serio te digo, mira que voy y los bajo y me los llevo conmigo. O mejor, no, mejor, si no volves, voy y cuelgo los míos también, y me quedo sentadita (así como hiciste vos) esperando a que pase algún tren.

Bueno como en todo en la vida va de una de cal y otra de arena, y así como primero os día un cuento nuevo (tanto el del vuelo como Mudas son nuevos) ahora os cuelgo uno de los primeros... no es el primero número uno, pero eso no es mi culpa sino culpa de mi mala organización, que ahora que lo pienso, pues sí es mi culpa. Bueno nada, que acá está este otro cuento. Decir mal, bien, gritar, lo que sea: pero pronunciarse, por favor!!
Publicado por: SiLuz | martes 7 de marzo de 2006 en 15:10
¿Quién puede olvidarse de algo así? ¿Quién aún no espera el próximo tren?
"Cada vez que alguien dice, en algun lugar del mundo, que no cree en las hadas se muere una".
Te felicito negra!
Publicado por: Patito | jueves 9 de marzo de 2006 en 4:19
me tienes con el pecho roto, silvina. Acababa de leer mudas y he visto que tenías otro releto por aca y lo leí también. Escribes como si tus palabras fueran caricias y golpes. Me duelen y enamoran tus frases. No tengo critica de la historia, simplemente me emocionaron muchisimo. Y esos zapatos que seguro siguen alla arriba moviendoses timidamente de un lado a otro me hacen desear que vuelvan a pasar esos trenes. Me impresiona tu forma de escribir. FELICIDADES ARTISTA.
Publicado por: canco | viernes 17 de marzo de 2006 en 13:58