La primera vez que me senté frente a un profesor de narrativa dijo “nunca hay que juzgar al autor sino a lo que escribe” En ese momento me pareció una verdad absoluta, y siempre lo mantuve como mi bandera, hasta que un día m
e topé con un escritor que me gustaba mucho, por supuesto a nivel literario, y me enteré que era antisemita declarado. No pude volver a abrir un libro suyo, aún a sabiendas de que estaba mal. Me encanta la pintura de Picasso, y por lo que sé de su biografía (confieso: nunca me he tomado unos vinos con él) era una especie de algo “interesante” como persona... entonces es cuando la teoría de mi profesor (Daniel Boggio) comenzó a flaquear. Alguna vez me auto convencí diciendo que la letra escrita está cargada de responsabilidad, entonces por esa época concluí que lo que decía Boggio era/es cierto siempre y cuando no haga de la literatura un panfleto y siempre y cuando sea lo que la persona quiera ser de las letras para fuera.
Entonces fui a ver Truman Capote.
Manipulador como el mejor de los sicópatas de las series americanas, brillante como sólo alguien que inició un género literario puede ser, egoísta como muchos, y un escritor para quitarse el sombrero.
Claro yo ya había leído la obra y no podía decir no me gusta porque el tío me cayó como una patada en el hígado. Por lo tanto para mí la película esta se resume como una lección de vida. Es entender ahora en práctica y realmente interiorizando lo que me dijo ese profesor hace unos ocho años atrás: “No importa quién sea la persona detrás del papel, importa su obra”. Y así es. La película es brillante, teje y desteje la trama. Te muestra la trama escrita y la trama sufrida. Por supuesto que la interpretación es brillante, tal es así que salí con nauseas de la rabia y la impotencia. Y supongo que de haber vivido en la época de Capote lo hubiera admirado tanto como ahora, pero ahora tengo la ventaja de admirarlo de lejos sin poner en contra posición los sentimientos personales.
En fin, una película que todo el mundo debería ver, y sobre todo todos aquellos que valiéndose de un arte (sea cual sea) quiera re escribir su historia.
SiLuz.

me gustan los escritoes que no dicen nada sobre sí mismos. "ya tuve una sobredosis de mi mismo". y plaf, boca cerrada, léete su libro.
me gusta eso de admirarlo de lejos.
saludos!
Publicado por: Adriana | martes 14 de marzo de 2006 en 18:06
¿Realmente tenemos que separar al escritor del escrito? Supongo que sí... A final de cuentas el arte es un bien de consumo hoy en día. Así que porqué no juntarlo con el resto de "consumibles". No dejas de comprar una televisión Sony, porque el director de la empresa sea un pedante, ni dejas de ir al Hilton porque Paris sea una estúpida. O sí. Creo que la pieza artística es un producto separado, que trasciende a su creador, que una vez que existe, se vuelve un poco de todos. Creo que una pieza de valor (evidentemente, si es una porquería, para que tomarse las molestias) debe ser apreciada por si misma, quizá entendiendo un contexto, una historia, pero nunca un autor. El arte es más grande que el hombre. ¡Ah, sí! La peli... Muy buena.
Publicado por: Ro | miércoles 15 de marzo de 2006 en 10:24
Adriana,
ya me leí el libro, me encantó, me sirvió como fuente de inspiración y como fuente de un ataque de nervios y pánico... todo me llegó y me vibró cada parte... y tal como dije, lo admiré como escritor y eso lo seguiré haciendo... y por eso agradezco el que haya sido de lejos...
Publicado por: SiLuz | miércoles 15 de marzo de 2006 en 14:17
lo de "léete su libro" era parte de toda la frase de "ya tuve una sobredosis de mi mismo". y plaf, boca cerrada, léete su libro... Había leído que ya habías leído el libro. En fin, es lo malo de no estar platicando frente a frente...
Qué horror! acaso me entiendes algo? Luego yo ni me entiendo...
Bueno ya. Mejor te mando un saludote.
Publicado por: Adriana | miércoles 15 de marzo de 2006 en 17:38
Hola: Me gusta lo que dices y también cómo lo dices. Esta frase también resume lo que opino sobre lo de ser ejemplo y ser obra. Algo así quiero decir. ¿Qué sabemos de Cervantes? Y ¿qué del Quijote? La obra perdura al autor, pero es el autor quien viviendo puede escribir esa obra. Complejo, precioso... y casual. Otro milagro de la vida. Te encontré buscando a tu profesor ¿Qué te parece?
Publicado por: Javier | martes 20 de noviembre de 2007 en 9:50