Las películas basadas en hechos reales siempre me han atraido mucho. Supongo que es ese concepto de "Reality show" sofisticado. Pero siempre que veo una película de estas, no puedo evitar comparar algún aspecto de ella con mi propia vida o mi entorno. En este caso, más que una comparativa, lo
que obtuve primordialmente (a parte de pasar un buen rato, la película se deja ver, aunque no es ninguna maravilla) fue una profunda reflexión a causa de una frase que dice Irv Blitzer (John Candy) al referirse a la necesidad de ganar una medalla: "Cuando uno no está bien consigo mismo sin la medalla, tampoco lo estará con ella".
A veces olvidamos que casi siempre es más importante el camino que la meta (lo siento Maquiavelo). El camino nos hace, nos construye, nos llena; ¿La meta? La meta solo es eso, un instante, una circunstancia pasajera. Uno debe encontrar la satisfacción en su presente, en su camino, lo demás ya vendrá.
Regresando un instante a la película... Reflexionando sobre el hecho de que todo lo que me dió la película, me lo dió la historia real. Pues una lástima, un par de momentos graciosos, pero demasiado cursi y previsible, aún para una típica película Disney de los 90's. Bravo por las personas en las que se basaron y basta.

Comentarios