Cierro el libro y lo primero que me pregunto es si yo
también creo que el Paraíso está en la otra esquina. No lo sé. A
veces me siento terriblemente ingrato con lo que tengo, pero otras muchas me
siento pleno. Supongo que todos, en cierta medida vivimos esta constante
búsqueda, mezcla de incomodidad y esperanza de tarde que temprano alcanzar la
meta.
El libro. Los dos más grandes aciertos: ese delicioso entremezclado de tiempos
verbales y tiempos históricos en el mismo párrafo, la misma frase. Logra
un ritmo perfecto y aunque, al menos para mi, al principio me costó un poco de
trabajo aceptar y asumir este lenguaje, una vez interiorizado logra llevarte de
la mano en un suave vaivén, yendo y viniendo en busca del Paraíso que siempre
parece quedarse del otro lado.
El segundo es la mezcla de tan fantásticas y dispares vidas como la de la
admirable Flora Tristán y la de su nieto Paul Gauguin. Las radicales
diferencias de aquella que decide vivir para los demás, para "el bien
común" contra aquel que busca el Paraíso para sí mismo en un egoísmo y hedonismo
exacerbado, me generaban una mezcla constante de asco y admiración según cambiaba
de capítulo. Pero al mismo tiempo me perdía en la reflexión de que somos,
que importa, que tiene verdadero valor.
Último detalle, fantástico final, entre la literatura negra y el realismo
mágico, una gozada.
Ro.

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