Parir un hada, un ciempiés, un cangrejo o un delfín de los que pasean por la luna sin pasar vértigos ni fríos.
Tal vez yo también debería
ser mágica para que mi niño pueda ser un poco de todo. Tal vez los dos deberíamos serlo.
Abrazarte a un árbol, mover la nariz, levantar los pies al pasar por unas vías, cerrar los ojos bien fuertes y prometerle a un Dios no contárselo a nadie. La magia está escondida en los recovecos donde no se limpia. Así que cuando nadie se da cuenta tienes que agarrar un pedazo de papel, acercarte a esas esquinas donde el polvo te hace estornudar y recogerla.
Hay veces en que sí es brillante, y esas veces es más fácil porque entonces sí que te crees capaz de ser un delfín volador tú mismo. Pero hay veces que es opaca como la tierra cuando aún no era redonda y entonces ahí es mucho más difícil creer. Saber, intuir, soñar.
Pero si buscas bajo la almohada después de una noche de insomne tristeza, puede ser que te encuentres con un par de lágrimas cristalizadas.
Yo no sé si voy a parir un búho, un calamar o un hueso de dinosaurio. Lo que sé es que tengo que ponerme a recoger las miguitas escondidas tras las puertas, si no es para agarrar la magia, al menos para limpiar.

Comentarios